El simple arte de comunicar, ¿por qué?

El trabajo de alguien que quiere comunicar se parece mucho al de un detective.

El título de este blog es un préstamo. En realidad, un plagio de una idea brillante de uno de los escritores con los que más disfruto. Raymond Chandler, uno de los grandes escritores de novela negra de toda la historia, escribió en 1944 un ensayo que tituló, con inteligencia e ironía, «El simple arte de matar». En él redefine el género de la novela negra y reivindica su conexión con la realidad y la complejidad del ser humano frente a los relatos procedimentales, basados en la lógica y desprovistos de vínculos con la realidad. La comunicación corporativa está a priori muy lejos del crimen, el suspense y el asesinato. Sin embargo, quienes nos dedicamos a comunicar (en síntesis: todos), lo hacemos en un entorno marcado por la incertidumbre, la complejidad moral y los límites éticos. Exactamente igual que los detectives que Chandler describe en su ensayo.

La realidad es compleja

La realidad no es (solo) lógica e ingenio. Los detectives (y el resto de seres humanos) no viven y trabajan en un mundo de respuestas evidentes y únicas, donde todo está iluminado, es aséptico y guarda un orden lógico prestablecido. Al contrario: nuestro mundo es sinónimo de desorden, de incertidumbre y de complejidad a la hora de decidir y nos obliga constantemente a mantener un brújula moral y ética clara que guíe nuestro comportamiento. Por eso, no tiene sentido que muchas empresas y directivos elijan un modelo de comunicación corporativa y personal empeñado en construir una imagen de perfección, de control y de imposibilidad de cometer errores.

Este tipo de comunicación se parece mucho a las novelas de crímenes que Chandler denunciaba a mediados del siglo XX, con su narrativa impecable y ordenada, con su lógica irrefutable y con su imposible perfección. En el mundo real, las marcas y las personas que están detrás de ellas, cometen errores, se enfrentan a crisis inesperadas, impulsan estrategias que en ocasiones fracasan y ven como sus clientes cambian de gustos, de percepciones y de necesidades. Como en la novela negra, las compañías y sus directivos viven en una realidad compleja, ambigua y donde tienen que tomar (y explicar) decisiones que no siempre son simples y, mucho menos, simplistas.

Honestidad, transparencia e integridad

Los comunicadores, como los detectives de Chandler, realizan su tarea en un entorno volátil e incierto, que exige mantener unos valores éticos sólidos. La sociedad espera de las empresas y de sus directivos integridad, transparencia y responsabilidad, especialmente en las situaciones de crisis. Raymond Chandler reivindica esos mismos valores en su descripción del detective y eleva la apuesta: no sirve con seguir las reglas, es necesario hacer siempre lo correcto aunque sea difícil.

Aplicada a la comunicación, la reflexión del novelista nos recuerda la importancia de tomar decisiones éticas, divulgar nuestros errores con honestidad y transparencia e impulsar las acciones necesarias para alinear nuestro comportamiento con los valores que proclamamos. La integridad es un valor innegociable a la hora de comunicar.

La integridad es la forma más perfeccionada de la autenticidad que Chandler reclama para la novela criminal, para retratar la vida tal y como es: imperfecta y contradictoria. Por eso, las marcas y quienes comunicamos en su nombre, debemos huir de la perfección: ni somos inmaculados ni lo podremos ser nunca. Como el detective que no puede ser un héroe impecable y lucha por mantener su integridad, las empresas deben asumir que la autenticidad, con sus fortalezas y sus debilidades, es su mejor activo. Entender esto es el mejor camino para conectar con una audiencia que castiga cada vez más la perfección impostada.

Esta obligación es especialmente relevante en el caso de la gestión de crisis. La comunicación de crisis requiere mitigar los daños y, a la vez, admitir los fallos, responsabilizarse de las consecuencias y corregir las causas. Como un detective que no se limita a resolver los crímenes, sino que confronta la verdad con toda su crudeza.

En definitiva, Raymond Chandler defiende en «El simple arte de matar» el realismo en la novela negra y nos ofrece una lección sobre la vida en general y sobre la forma en que enfrentamos el caos, la complejidad moral y la incertidumbre. Sus consejos sirven para impulsar una comunicación corporativa moderna: íntegra, que abraza la autenticidad y, sobre todo, no teme a la verdad. Como el detective en la novela negra, quienes nos dedicamos a la comunicación no lo hacemos en un laboratorio con una atmósfera controlada, sosegado, tranquilo y previsible. Todo lo contrario: vivimos en un complejo entramado de desafíos, obligados a tomar decisiones constantemente y donde cada decisión es una oportunidad para hacer lo correcto y construir una conexión genuina con la audiencia.

Herramientas para entender el arte de comunicar

Este blog pretende reunir experiencias, herramientas y consejos para navegar por esa realidad, controlar las fundamentos del arte de la comunicación, aprender a contar historias reales y auténticas, reivindicar la necesidad de navegar con una brújula moral que guíe nuestras decisiones y afrontar las crisis desde la integridad y el compromiso por ser cada vez mejores.

Una buena novela exige, según Chandler, habilidad, percepción, ingenio y carácter para luchar por la excelencia. Lo mismo que una buena comunicación.

Comunicar es un arte simple, si sabes cómo hacerlo bien.